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jueves, 3 de febrero de 2011

Falafelito




Más que una moda culinaria, el falafel ha protagonizado de algunos años hacia acá una auténtica invasión. Desde Bratislava hasta Barcelona, desde Lisboa hasta Helsinki, las croquetas de garbanzo en pan pita acompañadas de hummus, tahini y verduras de toda clase (lechuga, jitomate, aceitunas, entre otras) se han vuelto uno de los más -sino es que el más- popular de los llamados fast foods en Europa.
Lo que empezó como una excentricidad culinaria ofrecida exclusivamente en algunos barrios de turcos en Alemania se convirtió poco a poco en una explosión: hoy, no hay ciudad europea en la que no sea posible degustar un buen y llenador falafel a un módico precio. Estas dos características -ser sustancioso sin costar mucho- convierten al falafel en una muy tentadora opción para estudiantes, mochileros pránganas y borrachos nocturnos.
Sin embargo, la popularización del falafel en Europa es relativamente reciente. Su origen se remonta al antiguo Egipto (los cristianos cópticos fueron los primeros en hacer bolitas de garbanzo para comer durante la cuaresma), pero su arraigo en todo el Medio Oriente es tal que, hoy en día, el falafel es una de las pocas cosas con las que comulgan tanto cristianos (Egipto, Líbano), musulmanes (Jordania, Siria, Yemen) y judíos (Israel). Esto nos muestra, nuevamente, que las barreras gastronómicas son más fáciles de derrumbar que las ideológicas.

De la popularidad del falafel no nos podemos quejar: además de hacerle la vida más sencilla y barata a los vegetarianos que viven y viajan por Europa, creo que es preferible comer garbanzo con verduras cocinadas por inmigrantes que intentan sacar adelante a sus familias que hamburguesas hechas con la carne de una vaca maltratada y cuya venta en masa servirá para llenarle los bolsillos a algún accionista holgazán.

Lo único de lo que uno se podía uno quejar era que el falafel seguía siendo difícil de conseguir en la Ciudad de México. A pesar de ser una ciudad que ha recibido oleadas de inmigrantes judíos, libaneses y árabes, hasta hace unos años el falafel seguía siendo una excentricidad que sólo se podía comer en restaurantes establecidos y no en puestos informales de comida, tal y como acontece del otro lado del océano.

Sin embargo, hace poco las cosas en la ciudad cambiaron. Primero vino Munch Falafel con sus paquetes (y tipografía y combinaciones de colores que recuerdan -quizá en exceso- a Maoz, una famosa cadena holandesa de falafel). Hubo algún otro lugar (recuerdo uno llamada Benzonah en Polanco, que tuvo corta vida), pero éste quizá era el más céntrico y popular de los sitios informalones para comer falafel. Sin embargo, ambos sitios cerraron ya, aunque Munch falafel, según me comentaron, quizá abra sus puertas nuevamente en otro lugar.


Hoy por hoy, el único lugar 100% vegetariano para comer falafel en la ciudad es Falafelito (Chilpancingo s/n. Esquina con Av. México. Col. Hipódromo De La Condesa. Tel. 4150 4070). Se trata de un pequeño localito que ofrece falafel a la usanza europea: la mayoría de los comensales están de pie. Contrario a Munch, que era un local más establecido con sillas, mesas, baño, etc., Falafelito es, literalmente, un hoyo en la pared. La barra de Falafelito cuenta con un par de banquitos nada más y la última vez que estuve ahí sentí que mi suéter corría el peligro de ser víctima de un chisguete de tahini (si no quieres que los clientes se sirvan aderezo a 10 centímetros de tu cabeza, entonces quizá lo mejor sea que te busques un asiento en las jardineras).



Sin embargo, Falafelito cuenta con, como decimos acá en la ciudad, mucha onda. El lugar es pequeño, cool, amable y sirve buena comida a buenos precios. Preparan un falafel rico y crujiente, y tienen abundantes opciones en lo que a la barra de verduras concierne. Además, como ya dije, Falafelito es 100% vegetariano: no tendrás que preocuparte de que aparezca un pedazo de carne tipo schwarma entre los contenidos de tu pan pita.

La carta es sencilla (un lugar pequeño no puede preparar muchas cosas) y se puede ver a continuación:

(fuente: www.falafelito.com)

Recomendamos ampliamente el Falafelito como un excelente lugar para comer una deliciosa y vegetariana comida rápida en La Condesa. Sin lugar a duda, el lugar llena un vacío injustificable en la ciudad pues, a mi juicio, no hay metrópolis global del siglo XXI que se pueda jactar de serlo si no tiene un changarro de falafel en sus calles. Ojalá, de verdad, que Falafelito sea el primero de muchos.


(predicción cortesía del oráculo del falafelito)

miércoles, 24 de febrero de 2010

Delirio vegetariano en San Cristóbal de las Casas


(Letrero engañoso en Tziscao. Lo único vegetariano que tenían era quesadillas de queso o de hongos)

No cabe duda de que San Cristóbal de las Casas es una de las ciudades más bellas e interesantes de México. Más allá de las hordas de turistas alternativos que llegan en busca de la experiencia indígena y revolucionaria, San Cristóbal tiene mucho que presumir. Tiene arquitectura colonial, paisaje, natural multiculturalidad, color, carisma y, claro, opciones vegetarianas.
Vagar por San Cristóbal es un verdadero placer. Sentir la niebla que exhalan las montañas, las nubes que bajan hasta la calle, el verdor de los cerros, el ambiente relajado (nada que ver con el DF, nada) es un privilegio que no deja de sorprenderme cada vez que voy.
Una de las cosas que más llaman la atención acerca de San Cristóbal es la enorme cantidad de establecimientos que ofrecen productos de altísima calidad elaborados de forma tradicional, siempre a un excelente precio. San Cristóbal es un auténtico punto de confluencia de toda clase de creatividades. Desde indígenas tzotsiles, tzeltales, mayas; hasta jipis gringos, franceses y mexicanos. Todos dan lo mejor de sí en San Cristóbal. Las cosas en San Cristóbal van hechas con amor y cierta sensibilidad que sólo brota en lugares con (vomitivo cliché a la una, a las dos, a las...) magia. Por eso, en San Cris encontrarte con cosas hermosas es fácil, lo especial es ordinario.
La amena vibra de San Cristóbal y su afluencia de visitantes jóvenes hacen del pueblo un campo fértil para el vegetarianismo y las propuestas orgánicas. Hace unos meses tuve la oportunidad de dar una vuelta por ahí y he de reconocer que la ciudad no decepciona. San Cristóbal debe ser la ciudad con mayor cantidad de establecimientos vegetarianos per cápita en el país. Les platicaré de la santísima trinidad a continuación.

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1. La casa del pan, Dr Navarro no. 10




Creo que se trata de una sucursal de uno de mis restaurantes favoritos del DF. La casa del pan es un espacio de verdadera felicidad. La panadería, el restaurante, todo es fabuloso. Mi hostal estaba a unas cuantas cuadras (bueno, a un par de cuadras...aclaro porque todo en San Cristóbal está “a unas cuantas cuadras“) y en varias ocasiones me escapé. No les miento: los mejores roles de canela que he comido en mi vida esperaban por mí en una canasta de pan recién horneado en una de sus repisas.
También tuve la oportunidad de cenar en el lugar. La comida es buena, variada. Contrario a la sucursal del DF donde más bien venden cosas de repostería y sandwiches, en ésta es posible degustar platillos relativamente sofisticados. Los precios son bastante altos comparado con el precio promedio de una comida en San Cristóbal (Chiapas sigue siendo la entidad más pobre de la república) y por alguna extraña razón los meseros son todos gueritos que no hablan español, pero el lugar vale la pena por la música en vivo y la excelente preparación de los alimentos.


2. Falafel, María Adelina Flores no. 4

Era enero del 2008. No había cenado la noche anterior, no había desayunado esa mañana, ya era hora de la comida. Regresaba de visitar San Juan Chamula y seguía mareado de tanto copal quemado y de la fabulosa y un tanto tenebrosa experiencia. Caminé del mercado al centro y me percaté de una publicidad. Falafel, decía. Seguí las indicaciones hasta encontrar el local prometido. Entré, pedí, esperé. Cuando el platillo llegó a mí, di la primera mordida. El pan pita estaba recién salido del horno, el falafel estaba crujiente, el hummus casero era cremoso. Unos israelistas con los que compartí la mesa me dijeron que este falafel estaba tan rico como el que se consigue en medio oriente. (Y es que, en efecto, el dueño es israelí.)

Así que alguien convénzame de que San Cris no es el pinche centro del mundo.


3. Mayambé, Real de Guadalupe 66, casi esquina con 5 de febrero

A pesar de no ser un restaurante estríctamente vegetariano, Mayambé es una excelente opción para todos aquellos que busquen excelente comida vegetariana. Comí ahí con un par de amigas en mi última tarde en San Cris. Nos detuvimos a comer en el pueblo y la verdad es que yo llevaba días que el sitio me había llamado la atención. Las convencí de que comiéramos ahí, pero nadie me reclamó al respecto. La comida tardó un poco, pero valió mucho la pena. El simple hecho de que en San Cristóbal se pueda degustar una comida indú a un precio razonable pone este pueblo a años luz de La Condesa. El sitio está decorado eclécticamente, la atención es buena (el día que fuimos nos atendió un sikh con acento argentino, lo cual dice mucho de la naturaleza misma de San Cristóbal), la preparación de los alimentos es en el momento, y los precios son buenos. Y puedes escoger indú, vietnamita, tailandés, entre otras cocinas asiáticas. ¿Así o más?